Del modo de conducirnos en el templo
El templo es la casa del Señor. Es un lugar de oración y recogimiento, donde se debe guardar silencio

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Cómo comportarse en la iglesia
Aquella urbanidad
El templo es la casa del Señor. Es un lugar de oración y recogimiento.
1. Al entrar en el templo procuremos no hacer ruido, a fin de no distraer la atención de las personas que en él se encuentren.
2. No debe saludarse a ninguna persona desde lejos, y si estuviera cerca apenas un ligero movimiento de cabeza.
3. No tomemos nunca asiento sin haber hecho una genuflexión hacia el altar mayor. Tanto el varón, como la mujer, deben permanecer algunos instantes arrodillados antes de sentarse.
4. Debemos seguir al sacerdote durante la Santa Misa y no volverse ni conversar, como hacen muchas personas.
5. En el acto de la elevación, nos arrodillaremos doblando ambas rodillas, hasta que aquél haya concluido.
6. Si estamos de pie, mantengamos el cuerpo recto, y cuando estemos sentados no crucemos las rodillas.
7. Al retirarnos del templo, si salimos por la puerta principal, debemos hacer una genuflexión hacia el altar mayor.
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Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte necesariamente este contenido, que se publica, únicamente, a título informativo
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No se crea que este tratado sea un estimulante del lujo, ni un catecismo de imitación de los extranjeros.
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El vestido debe corresponder a las posibilidades, por lo cual, así el exceso como la mezquindad son dignos de censura.
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Por lo regular, en la casa de un artista se exige más franqueza, y ninguna reserva diplomática.
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El principio de la urbanidad es captarse la estimación general por medio de las impresiones agradables que produce nuestro trato
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El método mas cómodo, grato y libre de inconvenientes para repartir los manjares, es prevenir que se saquen a la mesa ya trinchados
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Siendo el carácter de los entusiastas todo benevolencia y dulzura, se ve uno obligado, so pena de pasar por inurbano, a oír con paciencia y aun con una especie de placer sus locas exclamaciones.
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El cuidado del vestido y el aseo personal.
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La cortesía exige tener y mantener siempre las manos limpias, y es vergonzoso mostrarse con las manos negras y mugrientas.
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Gran asunto de la atención, no hablar por superlativos, ya por no exponerse a ofender la verdad, ya por no desdorar su cordura.
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Todo acto inurbano es mucho menos excusable cuando se comete en la mesa.
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La escritura es el maravilloso arte que da color y cuerpo a los pensamientos.
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Si no os es dado libertaros de la conversación de semejantes gentes, abandonadles.


