Un estricto protocolo por visita de la Reina de Holanda.
Sin reverencias, ni inclinaciones de respeto, y con la estricta regla de no dar la mano y menos un beso en las mejillas, son las pautas de protocolo que los funcionarios argentinos deberán memorizar.

Sin reverencias, ni inclinaciones de respeto, y con la estricta regla de no dar la mano y menos un beso en las mejillas, son las pautas de protocolo que los funcionarios argentinos deberán memorizar cuando tengan frente a ellos a la Reina Beatriz de Holanda, que hoy comienza una visita de Estado a la Argentina.
Esas reglas también deberán ser observadas por el presidente Néstor Kirchner y su esposa, Cristina Fernández, puesto que serán los anfitriones de su majestad y el príncipe heredero, Guillermo, quien estará acompañado por la princesa Máxima y sus hijas.
De esta manera, el jefe de Estado argentino deberá cumplir con uno de los aspectos que más reniega desde la primera magistratura, como es el protocolo, en este caso el que tiene relación directa con la nobleza.
La reina Beatriz es la jefe de Estado de Holanda pero no trata temas políticos, algo que maneja el primer ministro de ese país, por lo cual se esperan pocas palabras oficiales de la reina.
Sin firmas de convenios, ni acuerdos bilaterales, la monarca sólo hablaría en el brindis que se realizará en el palacio San Martín en la cena de bienvenida que le brindara el presidente argentino.
A la hora de dirigirse a la visitante, el Presidente podrá llamarla "majestad o señora"; en cambio, cuando deba dirigirse al príncipe Guillermo y a la princesa Máxima, el jefe de Estado deberá nombrarlos como "su Alteza real", según reza un instructivo que la Embajada de Holanda distribuyó a la prensa.
De todas maneras, para estos casos lo que importa es "la forma y el gesto" más que las palabras, por lo cual en cada paso que den juntos Kirchner y la reina, el presidente argentino deberá ajustar sus tradicionales "modales informales".
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