
Empresarios chinos toman clases para mejorar sus buenos modales.
Escupir en la calle, vaciarse las fosas nasales, empujar, hablar tan fuerte. Y luego están esas uñas largas y sucias, y el hurgarse la nariz y los dientes al mismo tiempo.
En el pais asiático muchos ejecutivos llegan a sus puestos por 'enchufe'.
En Shanghai, el frenético corazón económico de China, donde los negocios surgen o desaparecen con rapidez y abundan los nuevos empresarios recién enriquecidos, la falta de educación habitual en muchos de ellos les ha llevado a tomar clases para mejorar sus modales, dijo hoy la prensa oficial.
"Todo está mal" al principio, señala una especialista en imagen, June Yamada, que enseña a grandes empresarios de la ciudad a actuar como caballeros por 990 yuanes la hora (103 euros, 122 dólares), un precio que justifica porque "hay mucho trabajo" por hacer con sus alumnos.
"Escupir en la calle, vaciarse las fosas nasales, empujar, hablar tan fuerte. Y luego están esas uñas largas y sucias, y el hurgarse la nariz y los dientes al mismo tiempo. No tiene fin", describe Yamada, que promete que tras un curso de 16 horas sus alumnos serían capaces de cenar con la reina de Inglaterra.
Yamada corrige todos los detalles, desde una vestimenta apropiada a cómo colocar los cubiertos en la mesa y no escupir las pipas de sandía ni las espinas de pescado, siempre insistiendo en que se trata más de una filosofía de pensar en los demás que de memorizar un catálogo de reglas estrictas.
En China muchos ejecutivos llegan a sus puestos con la ayuda de sus relaciones personales (lo que se conoce como "guanxi", familiares y amigos bien situados o con buenas conexiones con el Partido Comunista) y desconocen los modales tanto como quienes, desde ahora, también tratan de destacar a través de su aprendizaje.
Además toda una generación de chinos que vivieron durante la Revolución Cultural (1966-1976) crecieron durante un período en el que la educación se paralizó por completo, y muchos de ellos conservan complejos debido a su ignorancia de actividades tan espontáneas como bailar, que estuvo prohibido durante aquellos años.
"(Este curso) me hace sentir mucho más seguro", aseguró uno de los alumnos, Huang Leting, de 32 años, en declaraciones que reproduce el diario "China Daily". "Ahora tengo más confianza en las citas con diferentes clientes".
Otro empresario que aprende modales es Ho Genxiang, de 56 años, que vivió la Revolución Cultural y luego fundó una de las mayores cadenas de librerías de China, que ahora preside.
Ho quiere transmitir a sus empleados las buenas maneras que está adquiriendo, ya que "la mayoría del personal es de servicio, e interactúa con los clientes, así que necesitan buenos modales", ya que su única diferencia con Xinhua, la gran librería estatal, es el servicio al cliente.
También las costumbres y creencias chinas se explican en recetarios de buenos modos para los hombres de negocios occidentales que visitan el gigante asiático, interesados en saber que el número de invitados y de platos debe ser impar para que dé buena suerte, o en cómo rechazar un exceso de brindis de licor de arroz en una cena.
Por su parte, Yamada ya ha vendido más de 1.500 copias de su libro en sólo un mes, y cuenta con un club de admiradores y un programa de televisión que comenzará esta primavera.
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