Urbanidad del modo de levantarse de la mesa. I.
Cuando hay que levantarse y salir de la mesa antes que los demás, no hay que hacerlo sino con la cabeza descubierta.

Urbanidad del modo de levantarse de la mesa, y del modo de servir y de recoger la
mesa.
No hay que esperar a tener el estómago lleno de comida para dejar de comer; y, así como la educación exige comer con moderación, también exige no comer hasta quedar enteramente saciados.
Los niños deben dejar la mesa siempre los primeros, descubriéndose y haciendo una reverencia.
Cuando hay que levantarse y salir de la mesa antes que los demás, no hay que hacerlo sino con la cabeza descubierta; y en el caso de que uno sea dependiente o sirviente, no hay que levantarse sin quitar uno mismo el plato cuya finalidad no sea de cortesía, a menos que haya alguien para quitarlo.
Si ocurre que alguna persona hacia la cual se debe tener consideración sigue comiendo y permanece aún a la mesa al final de la comida, y que sea uno el único de quien esta persona reciba o pueda recibir consideración, particularmente si no se depende de ella ni se es criado suyo, por cortesía y por respeto se debe seguir a la mesa, para hacerle compañía, hasta que se levante.
Es necesario que quienes sirven a la mesa tengan las manos muy limpias y estén siempre descubiertos. Lo que deben hacer es extender adecuadamente el mantel sobre la mesa, colocar encima el salero, y después poner los platos, encima de los cuales depositarán el pan, que cubrirán cortésmente con la servilleta, a menos que se utilicen escudillas para el potaje, en cuyo caso hay que colocar las escudillas sobre los platos, y poner el cuchillo, la cuchara y el tenedor a la derecha, debajo del pan, y la servilleta encima.
Luego hay que lavar los vasos y colocarlos de tal manera en el aparador o sobre una mesita cubierta con tela blanca, que no se puedan cambiar fácilmente.
Cuando hayan de ofrecerse hay que tener siempre cuidado de que esté sobre la mesa todo lo necesario, como la sal, el pan y los platos para poner el pan, o en un aparador limpio y bien ordenado.
Después hay que ofrecer lo necesario para lavarse; para ello hay que elevar un poco el aguamanos con elegancia, tener la servilleta, doblada a lo largo, sobre el hombro izquierdo, y sostener la palangana por debajo, puesta sobre la mano y el brazo izquierdo, a menos que esté ya colocada sobre algún otro soporte.
Hay que comenzar a verter el agua sobre las manos de la persona más
importante de los comensales. Luego hay que verterla sobre las manos de los demás, según su rango y calidad, y a veces sin ningún orden ni distinción entre ellas. Esto es lo que se debe hacer siempre cuando las personas no son de calidad muy distinguida.
Uno de los principales cuidados que se deben tener al servir la mesa es secar bien las fuentes por debajo, particularmente la del potaje, para que no manchen el mantel, y colocarlas de tal modo que todos puedan llevar fácilmente a ella la cuchara o el tenedor cuando sea necesario.
El pan se debe ofrecer siempre sobre un plato o una servilleta, si no hay plato limpio en el aparador; nunca hay que llevarlo en la mano ni servirlo del lado de la persona más distinguida.
Los que sirven deben estar siempre prontos para servir lo que se pida, y para ello deben tener siempre la vista en la mesa, y no alejarse de ella.
Hay que estar siempre descubierto para servir a la mesa. Hay que estarlo, particularmente, para servir de beber; y cuando se ofrece a alguien, hay que sostener la copa por el pie, con la mano izquierda, o la taza por el asa, y no en la palma de la mano o tocando el borde con los dedos.
Siempre hay que echar el vino en la copa antes de ofrecerlo, y después de haberlo ofrecido, como besándolo, echar despacio agua con la aguadera o la jarrita, que se debe tener en la mano derecha, y no dejar de echar hasta que quien va a beber levante el vaso, para hacer señal de que no desea ya más.
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