Medios de conseguir la felicidad. Urbanidad y sociedad.
La felicidad en este mundo no consiste en poseer muchas riquezas y honores, sino en tener el corazón sosegado y contento.

Medios de conseguir la felicidad.
El que tuviere de su persona el cuidado que hemos dicho, podrá esperar con mucha razón la felicidad posible en este mundo, y la mayor en el otro.
La felicidad en este mundo no consiste en poseer muchas riquezas y honores, sino en tener el corazón sosegado y contento. Cualquier ciudadano o artesano que puede vivir honradamente con su trabajo, que tiene el corazón tranquilo, y está contento con su suerte, es tan feliz como el mayor Monarca. Y para lograr esta tranquilidad y alegría se necesita: en primer lugar, pensar bien, y obrar con rectitud, porque el hombre malo se ve siempre perseguido de los remordimientos de la conciencia, que turban su interior; y en lo exterior se ve expuesto a la enemistad y a los castigos que pueden darle los otros hombres en esta vida, y además a las eternas penas que le esperan en la otra.
En segundo lugar, es preciso que los que son pobres aprendan algún oficio, o tomen alguna profesión con que puedan ganar la vida honradamente; y aun los que son ricos deben aplicarse con ardor al estudio, para poder ser útiles a su patria, ocupar agradablemente el tiempo, y huir de la melancolia, que es la inseparable compañera de la ociosidad, y el mayor tormento imaginable.
"Hay que estar contento con lo que cada uno tiene y alcanza con su trabajo"
En tercer lugar, es menester guardarse de todos los males, así morales como físicos, absteniéndose de todas aquellas cosas que pueden producir aflicciones en el ánimo o enfermedades en el cuerpo. Y cuando a pesar de nuestro cuidado nos veamos con aflicciones o enfermedades, no debemos abandonarnos al abatimiento, sino sufrirlas con valor, y procurar cuanto antes podamos remediarlas o compensarlas.
En cuarto lugar, debemos estar contentos con los bienes que Dios nos diere, y que podamos alcanzar con nuestro trabajo, y no inquietarnos ni afanarnos por tener más. Los deseos desordenados son nuestros mayores enemigos; porque ocupándonos incesantemente con el afán de conseguir lo que no tenemos, nos impiden gozar con tranquilidad la que poseemos.
-
6590

Aviso Los artículos "históricos" se publican a modo de referencia
Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte necesariamente este contenido, que se publica, únicamente, a título informativo
Su opinión es importante.
Participe y aporte su visión sobre este artículo, o ayude a otros usuarios con su conocimiento.
-
Es de mala impresión ver a uno con mucha barba, excepto a los que se la arreglan bien y a menudo.
-
La ventanjas de la urbanidad, el despejo y la calidad del niño urbano.
-
El comportamiento en las reuniones y tertulias. Los pasatiempos en sociedad.
-
Aunque pudiera extenderme mucho más en cada uno de los artículos de que os he hablado, de moral, virtud y urbanidad, contemplo que os he dicho lo bastante, para que seáis buenos, virtuosos y corteses.
-
Escribiendo a personas ocupadas en negocios o en letras, hay que ser breve; al paso que con las personas queridas nunca una carta es demasiado larga.
-
Principios o reglas generalmente admitidas por la sociedad en cuanto a la educación de los jóvenes y preparación para la vida
-
Hay que evitar en todo caso la soberbia, la avaricia, la obscenidad en las palabras y en los hechos, la ira o cólera, la gula, la envidia, la pereza o poco apego al trabajo...
-
El servicio de mesa es una cuestión importante a tener en cuenta en cualquier tipo de comida.
-
Hay personas tan llenas de sí mismas, que explican siempre a aquellos con quienes conversan lo que han hecho y lo que hacen, y que se debe tener en mucha estima todas sus palabras y acciones
-
Cuando tengas autoridad o derecho para mandar a otros hombres y verás que las órdenes que expidieres con señorío y dulzura al mismo tiempo serán con agrado y aplauso recibidas.
-
Gran asunto de la cordura, nunca desbaratarse: mucho hombre arguye, de corazón coronado, porque toda magnanimidad es dificultosa de conmoverse.
-
Es señal de sensualidad, jamás permitida, romper los huesos, sea con el cuchillo o con cualquier otra cosa, o golpearlos sobre la mesa o sobre el plato.


