Limpieza en los vestidos y elogio de la moda. VI.
La moda no está exenta de inconvenientes, porque ninguna cosa humana deja de tenerlos.

Limpieza en los vestidos y apología de la moda.
Todos los viajeros a una voz atestiguan que la degradación de la mujer va en aumento a proporción de la barbarie nacional. Cuanto más degradada está una cosa en la opinión general, menos disposición hay a considerarla como objeto de afecto particular y exclusivo. Los bienes comunales abundan en donde la agricultura es miserable o nula, y escasean en donde la agricultura florece, de donde resulta que el derecho de propiedad prevalezca.
De lo dicho resulta, que si bien la moda no está exenta de inconvenientes, porque ninguna cosa humana deja de tenerlos, está fuera de duda que tendiendo a aumentar la belleza de la mujer, por un lado aumenta sus pretensiones haciendo menores las ventas, por otra aumenta las aficiones amorosas y por tanto disminuye las cesiones.
En Burdeos en el año 1820 la caída de la cúpula de una iglesia causó daño a muchas personas. Si en vez de un templo soberbio hubiese habido en Burdeos una pagoda de paja, los males causados por la caída hubieran sido muchos menos o ningunos. ¿Y qué diríais del bárbaro que aconsejase dar la preferencia a las pagodas que construyen los salvajes sobre los templos que levantan los europeos?
Al defender los derechos del bello sexo me he visto en la necesidad de usar el riguroso lenguaje de la economía y de hablar de compras, de ventas y de precio, para no alterar la índole de la objeción y mostrar su falta de fundamento, siguiendo las mismas ideas que los detractores proclaman. La corrupción que algunos atribuyen a la moda debe achacarse a las causas naturales y civiles que aumentan las fuerzas del sexo que asalta y debilitan las del sexo que se defiende, y que no es aquí lugar oportuno de ir exponiendo. Por lo demás, las elegantes formas de la moda no son señales de corrupción, como no lo son de virtud los harapos de la barbarie. De la antecedente discusión aparece, que quien considera la moda como señal y causa de la corrupción de costumbres, se equivoca como se equivocaría el que reputara el barniz como causa de la corrupción de las maderas (Nota 2).
(Nota 2). En el fondo encontramos verdad en cuanto el autor dice: " más como el hombre para seguir los caprichos de la moda no repara en gastos, y si sus medios no alcanzan para hacerlos acude a otros más o menos legítimos y no pocas veces acaba por arruinarse y sumir en la miseria a su familia "; juzgamos que lo dicho por el autor no debe sostenerse con la generalidad con que él lo sienta; sino que está sujeto a la capital condición de que cada uno no salga para seguir esos caprichos de su esfera ni gaste más de lo que buenamente permita su legítima fortuna. Poco se adelanta con que las variaciones de la moda alimenten industrias si los hombres que las ejercen arruinan a los que las siguen.
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