Cuestiones sobre la urbanidad. X
La urbanidad y la civilidad para los jóvenes en unas simples cuestiones.

Cuestiones sobre la urbanidad.
¿Hay algunas acciones que reprueba el trato social?
¿No es también contrario a la cortesía el usar palabras indecentes?
¿Qué otras groserías debe evitar una persona bien criada?
¿Qué calificación merecen los que ríen sin motivo, o a grandes carcajadas?
¿La urbanidad no reprueba igualmente la pedantería?
¿Es conforme a la cortesía el clavar la vista en las personas, o desviarla enteramente de ellas?
¿Se tomará Vd. jamás la libertad de tocar objetos curiosos en una casa ajena sin permiso de su dueño?
¿No se opone a la urbanidad el desmentir abiertamente a una persona?
¿En qué defectos procurará Vd. no incurrir al conversar con un sujeto?
¿Cuáles son las ventajas que reporta a un joven la buena crianza?
Cuestiones sobre la urbanidad
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Nadie ignora que en otro tiempo muchos pueblos y, particularmente los germanos, se servían de cuernos para beber.
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No es lo mismo hablar de las costumbres sociales que de la sociedad misma
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Es menester distinguir la maledicencia que descubre las inofensivas debilidades por el solo gusto de denigrar, de la otra que descubre delitos verdaderos que pueden ser dañosos al prójimo.
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La cortesía exige que no escriban cartas que no sean necesarias.
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No necesitan algunos para hechizar de las yerbas de Tesalia, que con sólo el buen aire de una gorra encantan necios, digo desvanecidos.
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Los jueces reales llegaban a tal exceso de venalidad en Inglaterra, que en 1229 fueron acusados criminalmente y declarados culpables y condenados a multas proporcionadas a sus delitos.
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La urbanidad y la civilidad para los jóvenes en unas simples cuestiones.
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Los caballeros presentarán la mano a las damas, acompañándolas a la sala destinada para comer.
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El paseo, el sitio de preferencias y las reglas de cortesía al pasear.
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La dignidad en los modales son la prueba de la buena crianza, porque tanto se falta a ella por carta de más, como por carta de menos.
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La cortesía invita a veces a servirse de un bastón, pero sólo la necesidad permite llevar una cachava en la mano.
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Las conversaciones, alabanzas y los paseos a pie o en coche.

