Cuestiones sobre la urbanidad. X
La urbanidad y la civilidad para los jóvenes en unas simples cuestiones.

Cuestiones sobre la urbanidad.
¿Hay algunas acciones que reprueba el trato social?
¿No es también contrario a la cortesía el usar palabras indecentes?
¿Qué otras groserías debe evitar una persona bien criada?
¿Qué calificación merecen los que ríen sin motivo, o a grandes carcajadas?
¿La urbanidad no reprueba igualmente la pedantería?
¿Es conforme a la cortesía el clavar la vista en las personas, o desviarla enteramente de ellas?
¿Se tomará Vd. jamás la libertad de tocar objetos curiosos en una casa ajena sin permiso de su dueño?
¿No se opone a la urbanidad el desmentir abiertamente a una persona?
¿En qué defectos procurará Vd. no incurrir al conversar con un sujeto?
¿Cuáles son las ventajas que reporta a un joven la buena crianza?
Cuestiones sobre la urbanidad
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Tiempo de saber la conducta que se debe tener en la sociedad para vivir con paz y con honor.
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La reunión de gentes de primera clase no se debe llamar buena compañía en el sentido general de la frase, a menos que esté acreditada de tal en el público.
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Para tener vestidos recatados es preciso que en ellos no haya apariencia alguna de lujo ni de vanidad.
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La urbanidad y la civilidad para los jóvenes en unas simples cuestiones.
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Para que los vestidos sean adecuados es preciso que le vayan bien a la persona que los usa y que sean proporcionados a su talla, a su edad y a su condición
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Hay que destinar a los huéspedes habitaciones confortables, con todos los objetos necesarios de uso cotidiano.
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La institutriz, persona de carrera y de educación distinguida, se considera siempre como parte de la familia.
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Es señal de sensualidad, jamás permitida, romper los huesos, sea con el cuchillo o con cualquier otra cosa, o golpearlos sobre la mesa o sobre el plato.
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Darse importancia en sociedad.
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Comentario de Julia Valera sobre la obra de Erasmo de Rotterdam "De la urbanidad en las maneras de los niños" -De civilitate morum puerilium-.
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Cuando muchos hablan a un tiempo, parece que oye uno a las ranas que se empeñan a porfía en sobrepujarse unas a otras y procurarse la gloria de ensordecer a cuantos las oyen.
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CAP.06. La comida de Don Quijote en casa de los Duques (cuento de Sancho Panza).
