¿Quién debe pagar la cuenta del restaurante en una primera cita? ¿El hombre, la mujer o cada uno su parte?
El momento de pagar la cuenta puede resultar un poco incómodo cuando no se habla de forma clara. Si hay una buena comunicación entre la pareja, no debería resultar un problema el decidir la forma de pagar la cuenta

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El dilema que surge sobre quién debe pagar la cuenta de un restaurante
La primera cita suele ser un tema de debate en las conversaciones que tenemos con nuestros amigos. Las nuevas generaciones tienen formas de pensar y de actuar distintas a las nuestras o las de nuestros padres. La pregunta es bastante sencilla: ¿quién debe pagar la cuenta en una primera cita? ¿El hombre o la mujer? ¿O debería ser una decisión compartida? Esta simple cuestión, aparentemente trivial, encierra algunas complejidades sociales y culturales que pueden desembocar en un debate sobre las actitudes del hombre hacia la mujer.
La tradición dice que el hombre debe pagar la cuenta en la primera cita. Parece ser que esta creencia se remonta a la época en que los hombres eran considerados los proveedores de alimentos a la familia y los encargados de cuidar, en ese sentido, a la familia. Sin embargo, actualmente, donde la igualdad de género es una prioridad, ¿sigue siendo válida esta convención tan anticuada para algunos? Hay opiniones para todos los gustos. Unos argumentan que perpetúan estereotipos dañinos y que la cuenta debería dividirse equitativamente. Otros, que la cortesía no tiene nada que ver con el machismo. Pero, la sociedad ha cambiado.
No es lo mismo una cita que un encuentro entre amigos
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Una cita no es una simple reunión entre amigos. Una cita suele tener un 'interés' más allá de una amistad. Puede quedar en una simple amistad, o bien puede ser el principio de una relación sentimental. Pero, seguimos con la duda: ¿quién paga la cuenta?
Podemos basarnos en los principios que los buenos modales nos dejan en algunos de los muchos libros escritos. Paga el que invita. La persona que solicita la cita, debería ser la que paga. Es decir, si el hombre invita a la mujer, paga el hombre. Pero si es la mujer la que propone invitar a tomar algo, a comer, a cenar, etcétera a un hombre, puede pagar ella perfectamente.
Un factor importante suele ser la edad. La diferencia generacional suele ser determinante. También, la educación recibida. Hay jóvenes a los que se les ha educado con unos valores y comportamientos muy clásicos. Todo esto influye de manera notable en cuestiones como esta: ¿quién paga la cuenta? ¿Dejar que pague la mujer es romper las tradiciones y convenciones sociales? Aquí lo dejamos, porque cada persona tiene su propia opinión.
Lo que sí se demuestra, aunque la sociedad haya cambiado, es que hay ciertos comportamientos parecidos entre jóvenes y no tan jóvenes. Según una encuesta realizada a personas, de todas las edades, en una céntrica calle de Nueva York, más de un 70% opinaron que el hombre debería pagar la cuenta en una primera cita.
Si dejamos a un lado las sensibilidades personales, lo que importa es que ambos se diviertan y se conozcan mejor. Lo de pagar la cuenta, se habla al final de la comida. Quizás la solución radique en tener una comunicación abierta y honesta. Si alguno de los dos les molesta algo, se dice y no pasa nada. Una buena propuesta puede ser conseguir una segunda cita. ¿Cómo? Pagando la cuenta e indicando que la próxima la paga la otra persona. Dejamos la puerta abierta a devolver el detalle de la invitación y a poder profundizar un poco más en esa posible relación.
No podemos olvidar que una buena cita no se mide por quién paga la cuenta, sino por los buenos momentos compartidos y los recuerdos vividos. Así que vamos a relajarnos, a disfrutar del momento porque el amor, como la vida misma, no tiene precio.
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