Modo de saludar a las personas que se visita. Saludos y presentaciones
La primera cosa que se debe hacer al entrar en la habitación de la persona que se visita es saludarla, y hacerle la reverencia

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Las presentaciones y los saludos a las personas que se visita
Aquella urbanidad
La primera cosa que se debe hacer al entrar en la habitación de la persona que se visita es saludarla, y hacerle la reverencia. Fue también la primera cosa que según nos dice el Evangelio, hizo la Virgen Santa, en la visita que hizo a santa Isabel.
Se puede saludar a alguien de tres modos distintos:
1. Hay una manera que es muy ordinaria, se hace primero descubriéndose con la mano derecha, llevando el sombrero hasta abajo, extendiendo enteramente el brazo, colocándolo vuelto hacia el exterior sobre el muslo derecho y dejando libre la mano izquierda. Segundo, mirando suave y sencillamente a la persona que se saluda. Tercero, bajando la vista e inclinando el cuerpo. Cuarto, sacando el pie si se quiere avanzar, poniéndolo derecho hacia adelante; si se quiere retroceder, echando el pie izquierdo hacia atrás; si se pasa de lado, deslizando el pie hacia adelante, del lado de la persona que se quiere saludar, e inclinándose y saludando unos pasos antes de llegar frente a ella.
Si se saluda a todo un grupo, hay que adelantar un pie para saludar a la persona principal, y poner el pie izquierdo hacia atrás para saludar de un lado y otro a todo el grupo.
No se debe entrar nunca en ningún lugar sin saludar a los que están allí; y corresponde al que entra saludar el primero a los que están dentro.
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Esto mismo debe hacer el que visita, incluso si la persona visitada le es inferior, que es lo que hizo la Santa Virgen respecto de Santa Isabel. Además, el que recibe la visita debe procurar prevenir y adelantarse, para saludar el primero; incluso si la persona que hace la visita es importante, o si se le debe mucho respeto, es educado ir a recibirla a la puerta, o incluso más lejos, cuando se ha recibido el anuncio de su visita, para darle mayores muestras de respeto. Esto hicieron las santas Marta y María Magdalena, según el relato del Evangelio, cuando Jesucristo fue a visitarlas para resucitar a Lázaro. Es también la honra que le tributó el Centurión, cuando fue a su casa para curar a su siervo, que estaba enfermo.
El segundo modo de saludar es hacerlo dentro de las conversaciones, lo que se suele llamar un cumplido, lo cual se hace simplemente descubriéndose, inclinándose al menos un poco y deslizando el pie de modo imperceptible, cuando se está de pie.
El tercer modo, que es extraordinario, se hace cuando alguien viene de fuera, o cuando se despide al partir de viaje. Este modo de saludar se hace como el primero, pero hay que quitarse el guante de la mano derecha, inclinarse humildemente y, después de haber bajado la mano hasta el suelo, llevarla suavemente cerca de la boca, como para besarla; enseguida hay que enderezarse poco a poco, para evitar que la persona que se saluda, inclinándose o queriendo sin duda abrazar por cortesía, no reciba un cabezazo.
El que así saluda debe inclinarse tanto más profundamente cuanto la persona a quien saluda sea más importante.
Otro modo extraordinario de saludar es el abrazo a la persona que se aborda, lo que se hace poniendo la mano derecha encima de la espalda y la izquierda debajo, y presentándose uno a otro la mejilla izquierda, sin tocársela ni besarla.
El beso es aún otro modo de saludar, y no se hace ordinariamente más que entre personas que tienen alguna unión o amistad particular. Era muy usado en la primitiva Iglesia, entre los fieles, que lo tomaban como señal sensible de unión muy íntima entre ellos, y de caridad perfecta; san Pablo exhorta a saludarse así a los Romanos y a todos los demás a quienes escribe.
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La reverencia que se hace al saludar no debe ser corta, sino profunda y grave; debe hacerse asimismo sin afectación y sin tomar posturas ridículas como sería volver la cabeza sin gracia, hacer contorsiones del cuerpo desagradables, abajarse de modo excesivo, o permanecer demasiado erguido. Es descortés hacer la reverencia a cada palabra que se dice al hablar.
Es contrario a la urbanidad preguntar a las personas superiores, e indistintamente a todas las personas cuando se les saluda: ¿Qué tal se encuentra? Puesto que, a menos que las personas saludadas estén enfermas, no está permitido preguntar esto más que a los amigos y a personas de la misma condición.
Con todo, puede hacerlo una persona de calidad superior respecto a otra de calidad inferior, o que le sea subalterna.
Es muy descortés que las mujeres y muchachas que llevan antifaz saluden a alguien llevándolo sobre el rostro; se debe quitar siempre. También es gran descortesía entrar en el cuarto de una persona a la que se debe respeto, con la falda arremangada, el antifaz en el rostro o la toca sobre la cabeza, a menos que sea transparente.
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