Responder a una invitación, ¿es una costumbre en peligro? ¿Por qué no se responden a las invitaciones? (con vídeo)
Confirmar o declinar una invitación es un gesto de cortesía que todo el mundo debería tener cuando recibe una invitación

protocolo.org
Confirmar la asistencia, una norma de etiqueta que se está perdiendo
Hace años, confirmar la asistencia a un evento no era solo un buen detalle, sino una obligación social. La cortesía exigía que, cuando se recibía una invitación, el invitado debía responder con un claro “sí” o “no”, preferiblemente a la mayor brevedad de tiempo posible. Este pequeño gesto, aparentemente insignificante, facilitaba la organización y demostraba respeto por el anfitrión. Sin embargo, hoy en día, esa costumbre parece desvanecerse porque las costumbres han cambiado.
La nueva realidad: ¿espontaneidad o descuido?
Cada vez es menos común recibir confirmaciones. Las excusas son variadas: el ritmo acelerado de la vida, la sobrecarga de mensajes digitales, o incluso la creencia de que “si no respondo, ya se entenderá que no voy”. Pero, ¿realmente es así? La falta de respuesta no solo complica la logística de cualquier evento, sino que también transmite una falta de consideración hacia quien ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo en planificarlo todo.
El impacto positivo de transmitir un simple mensaje
Confirmar o excusar la asistencia a un evento o celebración no requiere más que unos segundos. Un mensaje o una simple llamada pueden marcar la diferencia entre ser percibido como una persona educada o, por el contrario, como alguien que no valora ni sigue las reglas de la etiqueta social. Además, para el organizador, cada confirmación es un dato valioso: permite ajustar detalles como la comida, el espacio o los materiales, evitando que falten o sobren cosas.
¿Estamos perdiendo la cortesía?
Parece que sí. La espontaneidad malentendida con esa idea de que “ya se improvisará”, está reemplazando al compromiso de responder. Pero la cortesía no es una norma pasada de moda; es una forma de respeto y empatía. Ignorar una invitación, aunque sea sin intención, puede interpretarse como desinterés o falta de educación.
Responder a una invitación es, en esencia, un acto de responsabilidad y consideración. No se trata de seguir reglas rígidas, sino de reconocer el valor del tiempo y el esfuerzo ajeno. La próxima vez que recibas una invitación, recuerda: decir un simple “sí” o “no” ayuda mucho más de lo que piensas.
¿Y tú, cómo haces cuando recibes una invitación? ¿Eres de los que siempre confirma o prefieres dejarlo al azar?
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