
Ser un caballero. La caballerosidad. Principios. Ser educado a diario
Las personas que ceden el paso a una mujer, o que ceden un asiento en el autobús, entre otros gestos, lo hacen por educación no por obligación,. Lo hacen como un gesto de cortesía
foto base Imagen FR
La cortesía: una buena costumbre a practicar
Gestos cotidianos que nos hacen la vida más agradable
Las personas que se comportan de forma educada no esperan nada a cambio. Una persona bien educada solo hace que poner en práctica su buena educación. La buena educación también debe ser correspondida. Por ejemplo, cuando alguien tiene un detalle con nosotros es bueno saber agradecerlo -ya lo dice el refrán: de bien nacidos es ser agradecidos-.
Un gesto de gratitud o agradecimiento
En ocasiones, un simple gesto puede servir como muestra de gratitud; aunque también, puede expresar una desaprobación o un rechazo. Hay gestos amables que no siempre son interpretados por la otra parte como tal. Esto suele ocurrir en la actualidad con los gestos de cortesía hacia las mujeres.
Gestos de cortesía habituales en nuestra vida cotidiana
Son gestos comunes que se hacen de forma habitual sin llevarlos más allá de cualquier otra posible interpretación que 'pervierta' o distorsione su significado. Cada cual es libre de rechazar un gesto de cortesía si lo considera oportuno.
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- El hombre cuando cede el paso a una mujer lo hace por educación, no por obligación. Hay mujeres que piensan que es una obligación del hombre, y no es así. El hombre no es el portero de un hotel. Otras mujeres, por el contrario, lo interpretan como un gesto 'machista'. Cada cual es libre de interpretarlo como quiera.
- Cuando un hombre, en un restaurante por ejemplo, acerca el asiento a una mujer, es un gesto de cortesía. Si no nos gusta, podemos decirlo.
- Las personas que viajan en un transporte público -un tren de cercanías en el que vamos a trabajar todos los días, un autobús, el metro...- suele ceder el asiento a las personas mayores, a las mujeres embarazadas o con niños pequeños, a personas con lesiones o problemas de movilidad, etcétera. Hay que dar siempre las gracias. No es una obligación para ninguna persona ceder su asiento. Es un gesto de cortesía.
- Una persona que nos cede su turno en un comercio o que se ofrece a ayudarnos con los paquetes que estamos cargando en nuestro automóvil. Es un gesto de cortesía.
- La persona que cede su chaqueta o prenda de abrigo a otra, un día fresco, también es un detalle de cortesía para agradecer.
- La persona que nos ayuda a levantarnos cuando nos hemos caído, es un gesto de cortesía.
- La persona que nos ayuda con los papeles o los paquetes que se nos han caído, es un gesto de cortesía.
Cualquiera de los gestos de cortesía anteriormente citados, siempre son de agradecer. No hace falta deshacernos en halagos. Muchas veces ni tan siquiera pronunciar una palabra -aunque un simple gracias, nunca sobra-. Bastará una mirada y una sonrisa, para dar las gracias por ese gesto de cortesía.
Si todos tenemos esos pequeños gestos de cortesía a diario, fomentaremos las buenas maneras y los buenos modales de los ciudadanos. De lo contrario, algunas personas puede que nunca más tengan un detalle con otras personas al haberse sentido ofendidas por esa falta de educación ante los gestos de amabilidad.
Resumiendo, los gestos de cortesía no deben tener sexo, aunque por tradición o por costumbre algunos de ello se suelen tener con las mujeres y no con los hombres. Cada persona es libre de rechazarlos o aceptarlos.
Ya hemos contado en algún otro artículo del portal la anécdota del hombre que deja pasar primero a una mujer cuando coinciden en una puerta. La contamos de nuevo para ver que cada cuál interpreta un gesto de distinta forma.
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El hombre deja pasar a una mujer primero por una puerta en la que coinciden.
La mujer le pregunta: ¿no me dejará pasar primero porque soy una mujer?
A lo que el hombre le responde: No, señora. La dejo pasar primero porque yo soy un caballero.
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Ceder el paso: un gesto de cortesía
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