Corte Imperial de Francia. Presentación de las Embajadoras a SS.MM.
Ceremonial de la Corte Imperial de Francia durante el reinado de Napoleón III.

Presentación de las Embajadoras a SS.MM.
En cuanto llegaba una Embajadora, el Ministro de Negocios Extranjeros y el Gran Maestro de Ceremonias iban a visitarla; y por su parte, la Embajadora visitaba a las señoras del Ministro y a la Camarera Mayor de S.M. (Grande-Maitresse de la Maison de l'lmpératrice.)
El Mayordomo Mayor recibía las ordenes oportunas, y las ponía en conocimiento de la señora del Embajador, diciendo la Dama de honor que había sido designada para acompañarla. (Esta Dama hacía su visita a la Embajadora). El día indicado para la audiencia, la Dama, acompañada de un Maestro y de un Ayudante de Ceremonias, iba a buscar a la Embajadora con tres coches de Palacio. En el primer coche, tomaban asiento el Maestro y el Ayudante de Ceremonias; en el segundo, la Embajadora, llevando a su izquierda a la Dama de honor de la Emperatriz, y en el tercero, el personal de la Embajada. Al llegar a Palacio recibía a la Embajadora el Mayordomo Mayor, que la acompañaba hasta el gabinete del Emperador, donde salía a su encuentro el Gran Chambelán, presentándola a S.M. la Dama de honor. Tanto al entrar en el gabinete como al salir, la Embajadora hacía las tres reverencias de costumbre.
Advertido de esta audiencia el Mayordomo Mayor de la Emperatriz por el Gran Maestro de Ceremonias, tomaba las órdenes de S.M. y las hacía conocer a la Embajadora por medio del Chambelán, y, acompañada de la Dama de honor, era recibida por la Emperatriz con el mismo ceremonial que el Embajador.
Y con las mismas formalidades que el Embajador, se hacía presentar a los Príncipes y Princesas de la Familia Imperial.
La Embajadora recibía lo mismo que su marido, durante tres días, acompañada de la Dama de honor designada para presentarla a SS.MM.
Los Ministros Residentes eran recibidos por el Emperador en audiencia privada.
Si un Enviado acreditado cerca del Emperador por un Soberano, lo era también de otro Monarca, pero con categoría inferior, presentaba las Credenciales de su nuevo y doble cargo en audiencia privada.
A la muerte de un Soberano, si su Representante conservaba la misma categoría en la Corte, las nuevas Cartas-credenciales que le confirmaban en su cargo las presentaba al Emperador en audiencia privada.
Las audiencias de despedida, eran absolutamente lo mismo que las que concede hoy el Presidente de la República.
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