
Urbanidad de la espalda, los brazos y los codos.
Es muy indecoroso agachar la espalda, como si se tuviera un pesado fardo sobre los hombros.
Urbanidad de la espalda, los brazos y los codos.
Es muy indecoroso agachar la espalda, como si se tuviera un pesado fardo sobre los hombros; hay que acostumbrarse más bien a mantenerse siempre derecho, y hay que lograr que los niños adquieran el hábito.
También hay que evitar con cuidado alzar los hombros y ensanchar la espalda; y se debe procurar no tener los hombros caídos, ni bajar uno más que el otro.
Cuando se camina, la cortesía no permite mover los hombros de un lado a otro, como el péndulo de un reloj, ni adelantar uno más que el otro; eso huele a espíritu soberbio y persona presumida.
Tampoco hay que dar la espalda, ni volver los hombros, por poco que sea, cuando se habla a alguien o alguien nos habla. Es falta de urbanidad muy grande extender y alargar los brazos, retorcerlos de un lado o de otro, ponerlos detrás de la espalda o ponerse en jarras, como hacen a veces las mujeres cuando se enfadan e insultan a otros.
Tampoco hay que mover los brazos al caminar, ni siquiera so pretexto de que así se va más deprisa y se avanza más.
Tampoco hay que tener los brazos cruzados; es actitud propia de los religiosos, que no conviene a los seglares. La postura más conveniente es tenerlos colocados por delante, ligeramente apoyados sobre el cuerpo, y poniendo las manos una sobre otra.
Es totalmente contrario a la urbanidad apoyarse en los codos al escuchar a alguien que nos habla. Mucho más aún es hacerlo cuando se está a la mesa; y tener esa postura durante la oración es faltar mucho al respeto para con Dios.
Hay que guardarse bien de golpear a alguno o empujarlo con el codo, aunque sólo fuera por familiaridad o broma. Jamás hay que proceder así cuando se quiere hablar a alguien, ni siquiera ponerle la mano en el brazo.
Es forma muy rústica de obrar el rechazar a alguien que se acerca a nosotros para hablarnos, levantando los brazos, como para pegarle, o para alejarlo de nosotros; o empujarlo toscamente con el codo. La mansedumbre, la humildad y el respeto hacia el prójimo deben reflejarse siempre en nuestro proceder.
-
13427
Aviso Los artículos "históricos" se publican a modo de referencia
Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte necesariamente este contenido, que se publica, únicamente, a título informativo
Su opinión es importante.
Participe y aporte su visión sobre este artículo, o ayude a otros usuarios con su conocimiento.
-
La voluntad y los puntos básicos para el cuidado del alma.
-
Para hablar bien y hacerse entender por los demás, es preciso abrir perfectamente la boca, y tener cuidado de no apresurarse al hablar
-
Dentro de casa hay que saber mantener una imagen y un comportamiento apropiado sobre todo cuando se reciben visitas
-
El corte de la piezas de carne era una arte muy apreciado en la sociedad de principios del siglo XX
-
Lo primero que debe hacerse al entrar en la habitación de una persona a quien se visita es saludarla y hacerle una reverencia
-
Una parte fundamental de la imagen, además del vestuario, es la higiene y el aseo personal.
-
Los Romanos llevaban barba cuando sometieron a los Griegos que no la tenÃan, y la habÃan dejado de llevar a su vez cuando fueron vencidos por los Godos que aún la conservaban.
-
El bautismo y las obligaciones de los padrinos.
-
Perdidas las riquezas de la nobleza por las causas que diremos, fueron recogidas por personas inteligentes y activas, que sin pertenecer a la clase de comerciantes o fabricantes, supieron hacerlas valer.
-
No hay que salir sin saludar y sin despedirse de los presentes.
-
Nuestros vecinos los ingleses dan una grande importancia al arte de ponerse la corbata.
-
Cuando la vanidad va unida a la ignorancia presta oÃdos a las más necias mentiras y se alimenta con las más inverosÃmiles ilusiones.