Sobre la manera de vestirse.
Los colores vivos deben usarse con gran cuidado y precaución, o renunciar a ellos si no se confía en saberlos combinar sabia y artísticamente.

La manera de vestirse de forma correcta.
Allá por los años pintorescos de 1830 a 1840, un sastre de la Puerta del Sol tenía consignado en la muestra de su establecimiento: " El traje es el sobrescrito del alma y el fiador de la persona ".
Aquel sastre era un sociólogo superlativo, si fue él mismo quien compuso la leyenda de su rótulo y no le pagó con ella un frac color Habana con botones dorados alguno de los literatos de la época.
Es indudable que el traje revela siempre algo del interior de la persona que lo lleva, y sobre todo, da noticias del buen o mal gusto, cosa importante si se tiene en cuenta que de las personas de buen gusto, esto es, hábiles y aptas para observar y sentir la belleza, condiciones que dan al espíritu una manera de ser especial, agradable siempre, que les hace brillar sobre cuantos en torno suyo no gozan de esta excelencia, no se puede esperar nada malo.
Lo más esencial, la clave única, nos atreveríamos a decir, para vestirse con acierto, es la elección de los colores y la combinación atinada de los que tiene cada una de las prendas que constituyen el tocado.
En los hombres, el color de la corbata debe armonizarse con el del chaleco, si se usa de los llamados de fantasía, con el del sombrero, con el de los botones de la camisa, con el de los guantes, con el de uno de los pañuelos de bolsillo, y con el del calzado. Las demás prendas -americana, levita o chaqueta y pantalón- deben ir armonizadas entre sí.
Los trajes de colores claros sólo deben usarse por la mañana o en el campo; en el centro del día la levita, o simplemente un traje negro de americana, según las obligaciones y sitios adonde el interesado deba asistir, y por la noche el smoking, si se ha de comer en una casa en donde se observen rigurosamente las leyes de la etiqueta, y el fracsi a la comida ha de seguir recepción o baile.
"Los trajes de colores claros sólo deben usarse por la mañana o en el campo"
Los colores vivos deben usarse con gran cuidado y precaución, o renunciar a ellos si no se confía en saberlos combinar sabia y artísticamente. Quien gusta de lucir colores demasiado vivos, como el rojo sangre o escarlata, el clavel, el verde, el amarillo, etc., se impone una tarea igual a la de quien domestica pájaros o fieras: no triunfa en su arte sino al cabo de grandes esfuerzos, y rara vez al final de su tarea encuentra algo que compense sus fatigas.
Son, pues, preferibles los colores suaves y discretos, porque su combinación no exige grandes estudios ni su falta de armonía es accesible a todos los ojos.
¿Es de buen gusto llevar flores en el ojal?
Los espíritus vulgares anatematizan con adjetivos malsonantes a los hombres que tienen la costumbre de llevarlas, y creen que este es un detalle de afeminamiento; en realidad, es un reflejo del amor a lo bello que impera sobre todos los cerebros orientados hacia el arte, y si bien creemos que el hombre no debe imponerse la obligación de llevarlas siempre y a todas horas, no vemos inconveniente alguno en que las lleve, no siendo por la mañana, y siempre que su color no sea exótico, sino natural, y esté además combinado con el de la corbata, el chaleco, etc.
Deben preferirse las violetas en su tiempo, los nardos y los claveles rojos o blancos; de ningún modo las rosas, por su tamaño, ni las lobelias, gamarzas, eléboro y otras especies venenosas. La orquídea de Chamberlain ha alcanzado una celebridad internacional, y la historia de nuestro tiempo hablará de ella seguramente.
Cuando una señora o señorita obsequia con una flor que estuvo prendida en su cabeza o en su pecho a un caballero, éste debe prenderla inmediatamente en el ojal de su americana, su levita o su frac, y conservarla a la vista mientras dure el acto en que se encuentran, sin detenerse a mirar si por su naturaleza, tamaño, color, etc., ha de convenirle, y quitando previamente la que antes luciera.
Con respecto a la manera a que deben ajustar su vestido las mujeres, se tendrán presentes las reglas sentadas en los diferentes artículos de este portaly las observaciones hechas en los párrafos precedentes sobre la combinación de los colores.
Para la calle se usarán trajes sencillos, en relación con la hora del día y los sitios adonde hayan de asistir; los adornos y encajes deben reservarse para dentro de casa, en las ocasiones en que se deben recibir visitas o asistir a reuniones.
El adaptarse por completo a los preceptos de la moda trae consigo inconvenientes gravísimos. La moda es de suyo voluble, y además tiene los defectos de todas las pautas: asesina las gallardías y las gracias, y roba personalidad a todos los detalles. Servirse continuamente de la moda es lo mismo que aprender el idioma en el diccionario: este es un libro muy útil para salir de alguna duda, pero un lenguaje en el que se colocaran todas las palabras que contiene resultaría la cosa más áspera y molesta del mundo. En la moda se puede y se debe buscar una orientación, y nada más.
Tal es, en todos los órdenes, el complicado código cuyas leyes han de observar las personas distinguidas que deseen poseer en todas ocasiones es difícil y necesario.
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