Reglas de urbanidad estando en la mesa. II
En la mesa se deben observar una infinidad de reglas para evitar toda grosería y falta de buena crianza.

Reglas de urbanidad estando en la mesa.
Si por desgracia sucediere que el niño se quemase con algún bocado, es menester sufrirlo un poco, y no darlo a conocer; pero si fuere tanto que no lo pueda sufrir, arrimará el plato a la boca, y cubriéndose con la mano, lo arrojará en el plato; el cual dará al instante por detrás, procurando que nadie lo advierta, pues aunque requiere mucha decencia en la mesa, no por eso se ha de ser víctima de sí mismo.
Por ningún motivo el niño dejará el pan ni las frutas mordidas, sino que cortará los pedazos chicos, para no hacer buches como los monos.
Jamás se deben roer ni chupar los huesos, sino partir la carne, y cogerla con el tenedor, siendo mucha indecencia el tocar con los dedos; porque obliga a otras indecencias, como el chupárselos, y tener que limpiárselos a menudo en la servilleta, etc.
La salsa se debe tomar con la cuchara. La sal, la pimienta, etc. se toma con la punta del cuchillo; pero si es para servir a otro, se debe ofrecer el salero.
Es menester tener mucho cuidado para no mancharse, en llevar la comida a la boca, ni tampoco inclinarse demasiado sobre el plato.
A cada plato se hará el niño en mudar el cubierto, dejando la cuchara o tenedor cuando acabe de comer en el mismo plato, para que todo se lo muden a un tiempo, siendo mucha incivilidad el limpiarlo con el mantel o la servilleta.
Siempre que el niño tenga que pedir algo, no lo hará gritando que es impolítica, sino haciendo señas a algún criado para que se acerque y hablarle bajo.
Si el niño tiene que ofrecer algún tenedor, cuchara, etc., lo pondrá en un plato limpio para presentarlo.
Es mucha grosería el sonarse al descubierto, hacer de garganta y otras acciones semejantes que causan asco a los demás.
No debe el niño hacer la boca chiquita, sino comer lo que apetezca, pero sin parecer glotón; antes más bien debe procurar ser de los primeros que dejen de comer, a menos que le manden continuar; y a la persona que hace el convite le corresponde no levantarse, ni hacer mudar la mesa hasta que todos hayan acabado.
También es muy rústico el criticar sobre las viandas y salsas durante la comida, o el hablar mucho de manjares, porque es señal de una educación muy grosera.
El niño no pedirá de beber hasta después que lo hayan hecho las personas de mayor carácter; siendo igualmente una de las mayores incivilidades esl brindar directamente con una persona de respeto. Esto debe hacerse dirigiéndose a otra que pueda interesarle; pero sin nombrarla por sí misma, como diciendo: "Brindo por la salud de su mujer de Vd., su hermana o su prima, etc.", pues en este caso debe nombrárseles por sus apellidos o distinciones como por ejemplo: "Por el Señor Canónigo, por la Señora Pubilla, etc.".
Si al tiempo que el niño habla con alguna persona se llevase el vaso a la boca para beber deberá callar hasta que haya acabado; y cuando el niño haya de beber, se limpiará primero la boca con la servilleta, cuidando también de no llenar el vaso demasiado para que no pueda derramarse. Debe advertir el niño que es mucha familiaridad el beber a poquitos, esto es, dejando en el vaso para repetir después; porque en rigor de la política se debe echar lo que se haya de beber de una vez, y haciéndolo despacio, mirando al fondo del vaso, y sin quedar con ningún bocado en la boca, para evitar el atragantarse, que sería un accidente muy grosero e inoportuno en una mesa de ceremonia; además, que el beber todo de un golpe, es de un glotón.
También ha de cuidar el niño de no hacer ruido con la garganta, ni suspirar recio, acabando de beber en acción de quedar cansado.
El vaso que haya servido no lo ofrecerá el niño por ningún motivo; tampoco se limpiará los dientes durante la comida, ni después si está delante de alguna persona de cumplimiento; y mucho con el cuchillo o tenedor, ni se enjuagará la boca en presencia de personas de respeto si no se lo mandan.
Si el niño quedase solo de sobremesa con algún sujeto de carácter, le sostendrá la conversación sin levantarse primero; y cuando llegue el caso, hará una reverente cortesía a la persona de mayor distinción que haya, debiendo por último advertirse, que el golpe de más incivilidad es guardarse en los bolsillos cualquier fruta o dulces, excepto cuando se lo presenten para este fin.
Del mismo modo, es mucha grosería en el amo de una casa manifestar inquietud o impaciencia contra los criados, porque más bien denota que el enfado es por los concurrentes, debiendo tener dadas las órdenes de antemano, señalando exactamente su obligación a casa criado, y no turbar la alegría que debe reinar en una casa cuando hay huéspedes; porque es mucha desatención y falta de respeto el reñir en presencia de los convidados.
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