Las visitas. Urbanidad en el medio rural. Parte tercera.
En la iglesia no hablemos sin necesidad y no llevemos la vista a todas partes.

Lugares públicos.
En las tiendas se entra sin llamar; si no hay quien nos atienda, daremos unos golpecitos diciendo: ¿No hay quién despache? Mejor que como suele decirse: "A despachar".
Al presentarse el comerciante, le saludaremos simplemente y luego diremos: ¿Tendría la amabilidad de mostrarme tal cosa?
Si el precio parece caro, le podremos preguntar: ¿Es el último precio? No murmuraremos la calidad del género. Si no nos agrada, diremos: No hay lo que buscamos. Si ha revuelto mucho, le pediremos dispensa por las molestias.
Al retirarnos daremos las gracias, saludaremos y dejaremos al comerciante con la impresión de que volvemos en la primera ocasión.
Por último, diremos algo de la compostura que debemos guardar en la iglesia. La iglesia es casa de Dios, casa de oración, debiendo estar con profundo respeto y recogimiento, procurando no distraerse ni pensar más que en Dios que, estando en el Sagrario, ve lo más recóndito de nuestro corazón, lee nuestros pensamientos, y un día no lejano nos preguntará por nuestro comportamiento, en especial en su Santa Casa.
No hablemos sin necesidad y no llevemos la vista a todas partes. Procuremos evitar las cosas que molesten como son: Rezar y leer alto, en forma que distraiga al que está a nuestro lado.
No cruzaremos los pies estando de rodillas, ni las piernas estando sentados; no haremos ruido con la silla, ni saludaremos a nadie, a no ser estén muy cerca, y con ligero movimiento de cabeza, sin hablar ni dar la mano.
Se estará de rodillas desde el principio de la Misa hasta la Epístola; desde el Sanctus hasta las segundas vinajeras. De pie durante la lectura de los Evangelios, Prefacio y últimas Oraciones. Sentados el Ofertorio y segundas vinajeras. Cuando la Misa es cantada, durante el Gloria y el Credo se sientan, estando de pie mientras se leen las Oraciones. Sensiblemente se va adquiriendo la costumbre de permanecer en pie toda la Misa, excepto a la elevación de la Sagrada Hostia y Cáliz. No está bien, y se da mal ejemplo con este proceder.
Algunos, al ponerse de rodillas, lo hacen con una pierna, sujetando con el brazo apoyado en la otra, la cabeza, pareciendo más "Cazadores de palomas", que adoradores de Dios; esta postura no está bien ni por enfermedad; quien no pueda estar de rodillas, esté de pie, haciendo inclinación profunda de cuerpo al Alzar. Siempre que se pase delante del Santísimo expuesto, se hará genuflexión con ambas rodillas e inclinación profunda de cuerpo; si está reservado, genuflexión con una rodilla; si se pasa delante del altar mayor sin reserva, se hace inclinación profunda de cuerpo.
"De asistir a la procesión, debemos ir con absoluto recogimiento, pensando en la significación del acto"
El termómetro que mejor marca el grado de religiosidad de un pueblo son las procesiones.
Para algunos apenas tienen importancia y van en ellas como irían de paseo, hablando con el de al lado, sin preocuparse de que es un acto religioso, por el cual rendimos homenaje a Dios Nuestro Señor o al Santo, nuestro Patrono, paseándole por las calles y plazas del pueblo en reconocimiento a los favores y gracias que hemos recibido, esperando siga bendiciendo nuestros campos, casas y familias.
De asistir a la procesión, debemos ir con absoluto recogimiento, pensando en la significación del acto, pidiendo nueva intercesión en los negocios, principalmente en las tribulaciones de la vida; en completo silencio, demostrando nuestro respeto a Dios y a las cosas santas, y a ser posible, en orden, yendo en filas.
Solo un pequeño sacrificio supone el orden, y que gusto da ver a un pueblo debidamente organizado en tan solemne acto. Edifica tanto una buena procesión que se oye decir al forastero asistente: "Estas son procesiones". "Esta es religiosidad".
Si la procesión pasase delante de nosotros, y las ocupaciones no son urgentes, debemos acompañar, máxime si la procesión se hace con el Santísimo; si no podemos unirnos a los asistentes, nos descubriremos; si se hace con el Santísimo, nos arrodillaremos, aun siendo hombres; en los pueblos, se deja sentir esta falta de reverencia, conformándose con descubrirse.
Si es un entierro, nos descubriremos, rezando un Padre nuestro por el eterno descanso del difunto.
- Las visitas. Urbanidad en el medio rural. Parte primera.
- Las visitas. Urbanidad en el medio rural. Parte segunda.
- Las visitas. Urbanidad en el medio rural. Parte tercera.
- Las visitas. Urbanidad en el medio rural. Parte cuarta.
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