La pública decencia en los pasados siglos.
La ridiculez de las modas, bien puede recordarse el uso de llevar una calceta o una pierna de un color y la otra de color distinto.

Insultos a la pública decencia en los pasados siglos.
Los juegos bufonescos, mímicos y teatrales, anteriores al singlo XIV están muy lejos de ser decentes, como puede verse en las proscripcíones que de ellos hacen diferentes autores contemporáneos, y entre ellos J. Sarisburiens. Pedro Azario describe una, fiesta que hacia mediados, de aquel siglo se dio en una plaza de Pavía, en presencia de la Universidad y de todos los habitantes, la cual no ofrece sino pruebas de poca decencia y de muy soeces costumbres. Nosotros bailamos según se ha bailado en todos tiempos, pero nuestras ideas acerca de la decencia prohiben esta diversión a las personas más graves y respetables, mientras que en los pasados siglos la cosa era muy distinta, pues ninguna clase de personas se abstenía de bailar.
No falta quien censura las modas teatrales, dando el dictado de honestas a las maneras de vestir de antaño, lo cual es bien poco conforme con lo que nos dice la historia. En los siglos XIV, XV y XVI se usarion en Inglaterra calzones angostísimos y toneles tan cortos, que cuando un hombre estaba en pie no le cubrían las partes inferiores a la espina dorsal, cosa tan poco decente que e el año 1163 el parlamento prohibió esta moda. Montaigne, que vivía en el siglo XVI y que no era hombre de moral muy severa, condenaba en las mujeres el uso de llevar encima de la gorra y en el pecho, el signo con que los paganos representaban al dios de los huertos.
Merecería particular atención el uso del guardainfante que estuvo en boga hasta 1780, y al cual en muchos puntos de Francia se daba el nombre de cache bâtard, si no lo viéramos restablecido en nuestros tiempos, y que está muy lejos de justificar la decencia.
En la moda de los sombreros actuales no se ve el pérfido objeto de esconder el rostro de los delincuentes sustrayéndolos a las miradas de la policía judiciaria. Sin duda usarían esta moda, si lo fuese, los delincuentes que en la comisión de las delitos cubren su rostro con una careta.
En cuanto a la ridiculez de las modas, bien puede recordarse el uso de llevar una calceta o una pierna de un color y la otra de color distinto, y las postizas nalgas de las mujeres, pero no puedo menos de hacer mención de la torre que en el siglo XV se alzaba encima de las cabezas de las mujeres, sostenida por dos cuernos laterales que se encorvaban en la extremidad superior. Esa torre se levantaba de manera, que cuando Isabel de Baviera, esposa de Carlos VI de Francia, celebró cortes en Vincennes en 1416, fue necesario levantar y ensanchar las puertas para que pudiesen penetrar por ellas la reina y las damas de palacio.
En los mismos siglos y hasta el XVII se veían en las mesas de los magnates franceses fuentes en que manaba vino hipocrás (composición de vino, azúcar y canela) y otros licores. Al mismo tiempo solía manar agua de rosas y otras de olor a fin de perfurmar las estancias, lo cual no se lo echamos en cara a nuestros antepasados; pero sus ideas acerca de la decencia eran tan diferentes de las nuestras, como que aquellas fuentes a las cuales se daban diversas formas, unas representaban a una mujer, de cuyos pechos manaba el hipocrás; otras un muchacho que orinaba agua de rosas, y otras una joven que arrojaba vino de modo que en nuestros tiempos sería un escándalo intolerable.
En este punto y en muchos otros podríamos citar crecido número de usos admitidos y generales entonces y que no obstante ofenderían hoy la decencia y las costumbres nuestras de tal modo, que ni aun se atreverían a practicarlos la gente más disoluta. Por fortuna nuestro modo de ver las cosas no puede hacernos temer que se reproduzcan en el siglo en que vivimos.
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